domingo, 22 de junio de 2008

Un poema sin nombre

Hace ya varios meses que no escrito aquí y hoy, arreglando mis cosas encontré un poema que escribí hace un tiempo.

Creo que fue una señal que lo encontrara, pues en este momento de mi vida muchas cosas están cambiando y muchas otras, nuevas, están llegando así que es buen momento de retomar mis escritos. Aquí mi poema:

Cuando ríes, me regalas un destello de luz que se posa en mi alma y cuando me tocas me provocas la sensación más hermosa que llena mi cuerpo de amor y calor.

Cada vez que te miro directo a los ojos veo un hombre sensible, un niño tierno y ser humano extraordinario. Y ni qué decir de tu aspecto, tu cabello negro que me hechiza, tu pile blanca que sólo me provoca sentirla y tus labios rojos, carnosos que me piden a gritos los bese, y créeme que eso quiero, más que muchas cosas en este momento.


Eres una estrella que me calló del cielo, cumpliendo con su caída, uno de mis más preciados sueños.


Tus manos son como poesía entre las mías, cada vez que se tocan es amor lo que intercambian en la lírica del tacto.


Quisiera tantas cosas contigo, pero principalmente quisiera poder decirte todas estas cosas al oído y luego hacerte el amor tan dulce y suave, distinguirte como el primero después de muchos, el primero a quien en verdad he amado, a quién me entregaría completa, a quien dedicaría el amor que siento dentro de mí, ese amor que he reservado para esa persona especial, que he decidido seas tú.