lunes, 19 de noviembre de 2007

Infidelidad, ¿un dulce pecado?

El tema de la infidelidad se me ha presentado varias veces durante el día de hoy, y no vayan a pensar que he tenido la oportunidad de serle infiel a alguien, es sólo que varios amigos me han mencionado el tema, de manera muy superficial, pero aún así esto llamó mi atención y decidí escribir al respecto.


Durante el día siempre trato de sacar algo de tiempo para hablar con mis amigos, ya sea temprano en la mañana o tarde en la noche cuando he puesto fin a las labores de mí día. Le soy fiel a este horario, pues no tengo otro, pero qué pasaría si encontrara un horario más cómodo para hablar con ellos, uno que me convenga más, ¿le sería infiel entonces a mi horario regular?


Tal vez la comparación suena estúpida, pero es así. Le somos infieles a muchas cosas, principalmente a nuestras parejas cuando encontramos otra persona que satisfaga más nuestras necesidades, a nuestros amigos cuando traicionamos su confianza, a nuestros padres cuando los decepcionamos con nuestras acciones. Hay varios tipos de infidelidad, no solamente hacia una pareja, pero en esta ocasión, no hablaremos de las otras, sino de la infidelidad de un hombre a su mujer, o viceversa.


Cuando un hombre o una mujer tienen una pareja es supuestamente porque quiere estar con esa persona, porque le gusta, porque siente amor, porque cree que es la persona correcta para sí mismo, pero ¿si llega alguien que cree es mejor que la persona con la cual está en ese momento?


Voy a poner un ejemplo. Supongamos que yo conozco a un hombre llamado Jorge —con quien ya no hablo más por cierto—, este señor cuando yo le conocí, hace ya varios años, tenía una novia cuyo nombre no interesa. Su novia era preciosa, a mi parecer, una cara angelical, un cuerpo bastante agraciado y una personalidad atrayente, pero Jorge quería más, el no podía satisfacerse con su novia, ¿qué tenía de malo ella?, pues no lo sé. A Jorge le gustaba muchísimo salir con su buen amigo Camilo y juntos siempre armaban una parranda tremenda, con mujeres “hermosas” por supuesto —resalto hermosas, porque recuerden que para mí la belleza es relativa—, ellos no se daban abasto para la cantidad de mujeres con las que salían, una para cada noche de la semana casi y por supuesto, Jorge tenía relaciones con cada una de ellas, incluso con su novia, porque claro el no podía permitir que ella sospechara nada, así que debía darle “mantenimiento” un par de veces por semana para que ella estuviera contenta.


Jorge cada vez que llamaba a su novia por teléfono se despedía con un “Te amo”, a mi parecer muy falso, cómo te dignas a decirle a alguien semejantes palabritas cuando no eres ni siquiera capaz de mantener tus pantalones arriba cuando no estás con ella, había que ver como es de descarado Jorge y para aún más rematar la situación a Jorge le gustaba alardear sobre sus conquistas con su amigo Camilo y con algunos otros que no vale la pena mencionar. Alardeaba por lo grande, asegurándose que todos a su alrededor se enteraran de lo que el estaba contando. Jorge es como los latinos decimos “un perro”, pierdo algo de glamour refiriéndome de él así, pero no puedo evitar hacerlo, cuando me da tanta rabia las cosas que hacía Jorge.




Ahora yo me pregunto, si Jorge “amaba” a su novia como decía hacerlo, porqué tenía que estar con otras mujeres, si ella, era la que el había escogido para ser la posible madre de sus hijos. ¿No es innecesario estar con otras mujeres al mismo tiempo, si al final sólo vas a poder estar con una nada más? Nadie puede ser infiel toda la vida, las cosas siempre se saben.


¿Es un dulce pecado la infidelidad? Es dulce como el azúcar, por el delicioso sabor que tiene cuando la pruebas, pero a la vez se va acumulando en tu organismo hasta hacerte tanto daño a ti mismo y a las personas que te rodean, que una vez hecho no hay marcha atrás, si tienes la dicha de ser perdonado por la persona engañada, las cosas nunca serán iguales, las secuelas siempre estarán allí.


Jorge ahora, tiene otra novia, a la que engaña también, porque como dicen por allí “perro huevero, ni aunque le quemen el hocico”, y tal vez después de esta tenga otra, y otra, y otra más, pero algún día cuando Jorge se de cuenta del todo el daño que ha hecho con su dulce pecado, cuando sea capaz de madurar y convertirse en un verdadero hombre, será capaz de pedirle perdón a cada una de sus novias.


La historia de Jorge, puede ser tal vez la historia de muchos hombres y mujeres, que cada día salen de sus casas a serles infieles a sus parejas.


¿Qué ganamos con la infidelidad? Yo sé qué ganamos con ser infieles: daño. Logramos dañar a las personas que aseguramos querer —aunque sólo de la boca para afuera —, y además nos hacemos daños a nosotros mismos, nos denigramos como personas, no alcanzamos una madurez mayor, no nos auto controlamos, hasta el punto en que no nos damos cuenta que lo que hacemos está mal y que al hacerlo sólo dejamos tras nuestro paso almas heridas, incluyendo las nuestras.


¿Cómo sé tanto de la vida de Jorge?, al principio de mi historia dije que debíamos suponer que conocía a un tipo llamado Jorge. Un adiós para él por cierto, para que nunca entre en mi vida, ni en la de las personas que me leen, gente así es mejor no tenerlas ni cerca, para que no infecten de negativismo nuestras vidas.

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