miércoles, 21 de noviembre de 2007

Positivismo

Insito, la idea de escribir un libro de autoayuda algún día, no se me saldrá de la cabeza, hasta que simplemente logre escribirlo. Más bien cuando escriba la primera línea, que me inspire a seguir escribiendo, hasta que decida un título, escriba una gran historia y termine con una conclusión.


Yo siempre hablo mucho de positivismo, que hay que mantener un pensamiento positivo, una actitud positiva, hasta hablar de manera positiva, pero ¿qué es todo eso del “positivismo” de que hablo? ¿A caso es algo que me inventé? ¿Algo que vino a mi mente un día de ocio?


Existe un libro que verdaderamente cambió mi vida, no estoy segura de quién lo escribió, ni cuándo fue escrito, ni siquiera sé si existe una versión impresa del mismo. Recuerdo que un ex-compañero de trabajo me recomendó cierta página de Internet, donde había libros gratuitos.


Una noche en la que no tenía nada bueno que hacer, recordé el link que mi ex-compañero me había pasado, por puro aburrimiento entré y vi un libro que se llamaba: “Los siete principios de la metafísica”.


Hace un año que me interné en el mundo de la metafísica, de la cual tenía completa ignorancia y puedo decir que he cambiado mi manera de pensar. Ahora si puedo decir que soy una persona positiva.


El positivismo se nota en una persona, incluso desde el momento en que alguien te pregunta cómo estás y respondes “muy bien”, aunque tengas una tristeza enorme por dentro, que te carcome toda la alegría dentro de ti. ¿A caso no han sentido que cuando alguien nos pregunta cómo estamos y nosotros respondemos con una buena actitud aún cuando no la sintamos, de repente comenzamos a sentirnos mejor, mientras continuamos nuestra conversación con esta persona?


Una actitud positiva podría cambiarnos por completo a nosotros mismos, e inclusive contagiar a las personas que nos rodean. Una sonrisa en el momento indicado podría evitar un episodio de depresión. Una mirada muy dulce podría subirle la autoestima a alguien.


Y no es que nosotros estamos en este mundo para evitar depresiones o levantar autoestimas —aunque si lo logramos, es buenísimo—, estamos en este mundo para alcanzar la satisfacción, no la felicidad, pues ésta es pasajera e inestable, más la satisfacción puede ser una constante en nuestras vidas.


Con una actitud positiva, una mente positiva, nuestra vida, estará llena de positivismo.


Hoy, una reflexión un poco corta. Mañana la compensaré. El tema: ............. Sólo diré que tengo ganas de refutar algo.

Buenas noches.


martes, 20 de noviembre de 2007

La Oportunidad

Desde que tengo unos pocos años de vida, siempre supe que yo sería escritora algún día, y sobretodo, siempre supe que yo escribiría mi autobiografía. Después de todas las cosas por las que he pasado, sería tonto no contar mi historia al mundo.

El tema de hoy talvez sea un poco ambiguo. Hoy reflexionaré brevemente sobre las oportunidades que la vida “nos da”.

Cuando conseguimos un buen trabajo, una buena pareja o simplemente nos hemos ganado unos dólares de más en la lotería ¿a quién le damos las gracias?: la mayoría de las personas a Dios. Otros no le agradecen a nadie, ya sea porque su egocentrismo no se los permite, y prefieren ensalzarse a sí mismos más que a nada en el mundo antes que a cualquier ídolo religioso que haya aparecido por allí, o las palabras clásicas “gracias a la vida por esta oportunidad que me ha dado”.

Con esto no quiero decir que yo soy una ingrata, que no le agradece a nadie lo que tiene en la vida, y que además deberían imitarme si así lo fuera. Al contrario, mi objetivo es expresar en estas palabras, mi manera de ver las oportunidades.

Dios no anda por allí regalándole oportunidades a todo el que se las pida. La vida no tiene un bazar donde los seres humanos podemos encontrarlas en oferta. Ni existe un mercado de pulgas del universo.

Mi punto es que cada persona debe aprender a crear sus propias oportunidades, no recibiremos ayuda divina si no decidimos dar el primer paso. Mientras no le enviemos las señales de superación a nuestro cerebro, no saldremos adelante jamás. Y no es que la vida sea un campo de batalla, donde hay que agarrarse a los puños con la humanidad para sobrevivir, quien la ve así, puede declararse muerto.

Para todo hay competencia, es muy cierto, y el camino al éxito es difícil de lograr, pero cada obstáculo con el que nos encontremos, con cada “competencia” que nos exija demostrar nuestras habilidades y aptitudes, hemos de verla como una oportunidad para crecer y para iniciar algo nuevo.

La “ayuda divina”, llegará sola. Nosotros mismos seremos quienes nos ayudaremos a superarnos cada día más. Nosotros somos nuestro mayor oponente, nuestro mayor verdugo, pero sobretodo nuestro mayor “proveedor de oportunidades”.

Y me responderán entonces muchos escépticos: “¿Y quién eres tú para hablar de éxito? ¿Qué has logrado en tu vida?” Y puedo responderles yo, que he logrado mucho, con el simple hecho de dar el primer paso para crear todas las oportunidades que me estoy creando, he logrado mucho sólo por el hecho de sentirme una persona exitosa y creérmelo sobretodo. Además apenas tengo veinte años, soy una persona sana y con pleno juicio de sus facultades psicológicas, teóricamente tengo aún suficiente tiempo para finalizar la construcción de todas las oportunidades que he empezado a componer, y por supuesto, empezar nuevas en mi camino hacia el éxito.

Sé que algún día, no muy lejano empezaré a escribir la historia de mi vida y podré compartir con más personas, el éxito que habré alcanzado para ese entonces. Espero la mayor enseñanza que alguien obtenga de mi aún no publicada autobiografía, sea precisamente ésta: las oportunidades no se encuentran, se crean. Mentalízate a conseguir algo, da el primer paso para alcanzarlo y será tuyo.

Quiero terminar citando las palabras que me dieron la inspiración para redactar este escrito. Las escribió un gran amigo periodista en uno de sus artículos, lo leí hoy y puedo decir que estas en particular quedarán plasmadas en mi mente por el resto de mi vida: “La respuesta a tu sanidad mental búscala en ti,¡¡¡ vive!!!” — Armando Carrasco.

Les adjunto el enlace del artículo: ¿Qué he hecho yo para merecer eso?

lunes, 19 de noviembre de 2007

Infidelidad, ¿un dulce pecado?

El tema de la infidelidad se me ha presentado varias veces durante el día de hoy, y no vayan a pensar que he tenido la oportunidad de serle infiel a alguien, es sólo que varios amigos me han mencionado el tema, de manera muy superficial, pero aún así esto llamó mi atención y decidí escribir al respecto.


Durante el día siempre trato de sacar algo de tiempo para hablar con mis amigos, ya sea temprano en la mañana o tarde en la noche cuando he puesto fin a las labores de mí día. Le soy fiel a este horario, pues no tengo otro, pero qué pasaría si encontrara un horario más cómodo para hablar con ellos, uno que me convenga más, ¿le sería infiel entonces a mi horario regular?


Tal vez la comparación suena estúpida, pero es así. Le somos infieles a muchas cosas, principalmente a nuestras parejas cuando encontramos otra persona que satisfaga más nuestras necesidades, a nuestros amigos cuando traicionamos su confianza, a nuestros padres cuando los decepcionamos con nuestras acciones. Hay varios tipos de infidelidad, no solamente hacia una pareja, pero en esta ocasión, no hablaremos de las otras, sino de la infidelidad de un hombre a su mujer, o viceversa.


Cuando un hombre o una mujer tienen una pareja es supuestamente porque quiere estar con esa persona, porque le gusta, porque siente amor, porque cree que es la persona correcta para sí mismo, pero ¿si llega alguien que cree es mejor que la persona con la cual está en ese momento?


Voy a poner un ejemplo. Supongamos que yo conozco a un hombre llamado Jorge —con quien ya no hablo más por cierto—, este señor cuando yo le conocí, hace ya varios años, tenía una novia cuyo nombre no interesa. Su novia era preciosa, a mi parecer, una cara angelical, un cuerpo bastante agraciado y una personalidad atrayente, pero Jorge quería más, el no podía satisfacerse con su novia, ¿qué tenía de malo ella?, pues no lo sé. A Jorge le gustaba muchísimo salir con su buen amigo Camilo y juntos siempre armaban una parranda tremenda, con mujeres “hermosas” por supuesto —resalto hermosas, porque recuerden que para mí la belleza es relativa—, ellos no se daban abasto para la cantidad de mujeres con las que salían, una para cada noche de la semana casi y por supuesto, Jorge tenía relaciones con cada una de ellas, incluso con su novia, porque claro el no podía permitir que ella sospechara nada, así que debía darle “mantenimiento” un par de veces por semana para que ella estuviera contenta.


Jorge cada vez que llamaba a su novia por teléfono se despedía con un “Te amo”, a mi parecer muy falso, cómo te dignas a decirle a alguien semejantes palabritas cuando no eres ni siquiera capaz de mantener tus pantalones arriba cuando no estás con ella, había que ver como es de descarado Jorge y para aún más rematar la situación a Jorge le gustaba alardear sobre sus conquistas con su amigo Camilo y con algunos otros que no vale la pena mencionar. Alardeaba por lo grande, asegurándose que todos a su alrededor se enteraran de lo que el estaba contando. Jorge es como los latinos decimos “un perro”, pierdo algo de glamour refiriéndome de él así, pero no puedo evitar hacerlo, cuando me da tanta rabia las cosas que hacía Jorge.




Ahora yo me pregunto, si Jorge “amaba” a su novia como decía hacerlo, porqué tenía que estar con otras mujeres, si ella, era la que el había escogido para ser la posible madre de sus hijos. ¿No es innecesario estar con otras mujeres al mismo tiempo, si al final sólo vas a poder estar con una nada más? Nadie puede ser infiel toda la vida, las cosas siempre se saben.


¿Es un dulce pecado la infidelidad? Es dulce como el azúcar, por el delicioso sabor que tiene cuando la pruebas, pero a la vez se va acumulando en tu organismo hasta hacerte tanto daño a ti mismo y a las personas que te rodean, que una vez hecho no hay marcha atrás, si tienes la dicha de ser perdonado por la persona engañada, las cosas nunca serán iguales, las secuelas siempre estarán allí.


Jorge ahora, tiene otra novia, a la que engaña también, porque como dicen por allí “perro huevero, ni aunque le quemen el hocico”, y tal vez después de esta tenga otra, y otra, y otra más, pero algún día cuando Jorge se de cuenta del todo el daño que ha hecho con su dulce pecado, cuando sea capaz de madurar y convertirse en un verdadero hombre, será capaz de pedirle perdón a cada una de sus novias.


La historia de Jorge, puede ser tal vez la historia de muchos hombres y mujeres, que cada día salen de sus casas a serles infieles a sus parejas.


¿Qué ganamos con la infidelidad? Yo sé qué ganamos con ser infieles: daño. Logramos dañar a las personas que aseguramos querer —aunque sólo de la boca para afuera —, y además nos hacemos daños a nosotros mismos, nos denigramos como personas, no alcanzamos una madurez mayor, no nos auto controlamos, hasta el punto en que no nos damos cuenta que lo que hacemos está mal y que al hacerlo sólo dejamos tras nuestro paso almas heridas, incluyendo las nuestras.


¿Cómo sé tanto de la vida de Jorge?, al principio de mi historia dije que debíamos suponer que conocía a un tipo llamado Jorge. Un adiós para él por cierto, para que nunca entre en mi vida, ni en la de las personas que me leen, gente así es mejor no tenerlas ni cerca, para que no infecten de negativismo nuestras vidas.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Movimiento

Hoy, tuve que asistir a un evento en la universidad, relativamente temprano, pero como el día anterior me había acostado muy tarde, como de costumbre, se me pegaron algo las sábanas y me levanté tarde. Antes de ir a la universidad tenía que arreglarme, para verme decente en la jornada de inducción y además tenía que desayunar, otro atraso más. Cuando salí de la casa bastante apurada decidí que me tomaría un batido de desayuno y así lo hice.


Fui a la jornada como tenía planeado y una vez que terminó, no veía la hora de tomar un taxi para llegar a mi casa a comer, porque en serio tenía mucha hambre. Como estoy obsesionada con revisar mi cartera antes de salir a algún lado —pero recordemos que esta mañana salí tarde y apurada, así que sólo alcancé a ver si la cartera estaba en mi bolsa—, me fijé si tenía dinero antes de ir a tomar el taxi y cuando vi, a duras penas tenía unas pocas monedas —a veces me parece mala idea cambiar tan seguido de cartera—, como no tenía más que unos míseros centavos decidí reprimir mi hambre y tomar el autobús, no era tan malo después de todo si iba con una amiga. Cuando llegué al centro comercial donde me deja el autobús pensé: “¿Por qué no tomé un taxi y lo pagaba en la casa?”, eso debí haber hecho y aún podía hacerlo, pero si ya había aguantado tanto ya que más daba caminar por el centro comercial hasta llegar a mi casa, si tampoco es tan lejos, así que decidí dar la caminata de veinte minutos.


Apenas di unos pocos pasos cuando de repente me llegó una idea a la mente, qué tal si hacía un ejercicio metafísico mientras caminaba, así que así lo hice. La idea básica del ejercicio era mantenerme en constante movimiento durante toda la caminata, mentalizarme en que podía caminar todo el tramo sin detenerme por nada, mentalizarme en que no habría obstáculos que me hicieran parar por completo en el camino y los que me hicieran disminuir la velocidad, podría rebasarlos sin problema alguno. Y así lo hice, caminé sin detenerme en un centro comercial lleno de personas y con automóviles circulando por las calles. Caminé siempre hacia el norte, sin esquivar a las personas al contrario, las personas al ver que yo seguiría adelante me esquivaban a mí, me mentalicé tanto en que no habría ningún auto cuando yo pasara por las calles que así fue, cada vez que iba a cruzar la vía estuvo libre para mí.


Se me presentaron varias situaciones que son dignas de comparar con las que se nos presentan en la vida diaria. Digamos que un tercio de las personas que caminaban a mi alrededor son los problemas económicos, un tercio son los problemas con las demás personas y el último tercio son los conflictos que tenemos con nosotros mismos y por último estaban los autos.


Todos los problemas tanto económicos, relacionales y personales se nos mezclan en la vida y se convierten, a su vez, en cuatro tipos de problemas: los que creemos son los peor, los que realmente son los más difíciles de superar, los imprevistos y las dudas.


La mayoría de las personas me abrieron camino entre ellas y me dejaron pasar sin ninguna complicación. Estas personas son los problemas que creemos son “lo peor que nos ha pasado en la vida”, que nos ahogan en un vaso de agua, haciéndonos creer que nunca saldremos adelante, pero si les hacemos frente, veremos que no son tan complicados de resolver y así mismo nos iremos abriendo paso entre ellos, casi sin necesidad de sufrir algún daño.


Así también mientras caminaba, me encontré con un segundo grupo menos cuantioso de personas que no cedieron el paso, aún cuando me veían dispuestos a pasarles por encima, y créanme que así lo hice, más de un golpe me llevé pero les pude pasar. Esas personas que no se apartaron de mi camino pertenecen al grupo de los problemas que parecen no tienen solución, por más que los enfrentemos ellos no nos “ceden el paso”, a estos problemas hay que plantárseles firmes, recibirlos con toda nuestra fuerza y saber que, aunque saldremos heridos, saldremos adelante.


El último grupo de personas, que sólo fueron dos o tres, fueron las que me aparecieron en el camino y no me di cuenta, ellas estaban allí, pero yo no las vi venir, cuando me aparecían de repente en el camino me confundía y no sabía muy bien qué hacer, tenía unas cuantas milésimas de segundos para pensar, pues no olvidemos que mi objetivo era caminar sin detenerme, así que aunque me desconcentraban de mi ejercicio, lo que hacía era mirarlas directamente a los ojos y esquivarlas. Estas personas son los imprevistos que nos da la vida, al yo mirarlas a los ojos, los estaba enfrentando y asimilando con todas las consecuencias que traen consigo y al esquivarlos luego, no estaba esquivando el problema, sino buscando una ruta alterna para seguir adelante en mi camino.


Por último estaban los autos, los que eran capaces de matarme si me chocaba con ellos. Ellos representan a los problemas más peligrosos que tenemos en la vida, los que verdaderamente son capaces de matarnos al impedirnos seguir adelante por completo, dejarnos tirados en el piso sin la posibilidad de levantarnos talvez jamás; y lo peor es que nos los trazamos nosotros mismos: las dudas.


Cuando cruzamos la calle, debemos mirar hacia ambos lados, cruzar con precaución, no correr en la vía, pero sobretodo no dudar al cruzar, por que corremos el riesgo de ser atropellados, al menos así fue como me enseñó mi mamá a cruzar una calle. En las calles de la vida ocurre exactamente lo mismo, llegar hacía el otro lado es alcanzar una meta que nos hemos trazado, para conseguirla debemos mirar hacia todas las direcciones y estar seguros de que es el momento indicado para buscar esa meta, buscar las maneras de realizarla con toda precaución y no tomar decisiones apresuradas, pero lo más importante es no dudar al dar el siguiente paso. Para ejemplificarlo un poco más contaré sobre el día que me decidí volver a escribir, varias personas me dijeron: “¿Y si nadie te lee? ¿Y si a nadie le gusta lo que escribes? ¿Y si la inspiración no te llega un día, qué haces?” y yo les respondí a todas estas personas que si todas estas cosas fueran a pasar, entonces yo no habría tomado la decisión de volver a escribir.


Cuando empezamos un nuevo proyecto es normal tener dudas sobre lo que vamos a hacer, pero no podemos permitir jamás que esas dudas se apoderen de nosotros, porque podrían atropellarnos y dejarnos tirados en una calle hasta morir. Si vamos a empezar un proyecto nuevo, cada vez que una duda nos avecine a la gran casa de nuestros pensamientos, que es nuestra mente, no debemos abrirle la puerta, en proyectos nuevos no debe haber cabidas a “¿Y si no hacemos ninguna venta? ¿Y si nos divorciamos en unos años? ¿Y si no soy capaz y fracaso?", si se empieza algo pensando así, entonces es mejor no comenzarlo hasta que todas esas dudas se aburran de tocar a nuestra puerta, y al ver que no le abrimos, den la vuelta.


Como conclusión al ejercicio que realicé, puedo decir que en la vida todo es movimiento, debemos mantenernos con un ritmo, saber cuándo acelerar, cuando bajar un poco la velocidad, pero sobretodo saber que NUNCA, bajo ninguna circunstancia nos podemos detener, lo importante es siempre abrirnos camino en busca de nuestro norte, manteniéndonos en movimiento.


Cuando llegué a mi casa, me sentí muy bien después de haber realizado mi ejercicio metafísico con éxito, además pude almorzar un delicioso plato de queso fundido con arroz y también cumplí con mi cuota de ejercicio diaria.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Amistad: divino tesoro

Cada vez que tengo la oportunidad de entablar una conversación, sobre algún tema interesante con alguna persona no tan cercana a mí, la aprovecho y lo hago.


Esta mañana fui a una charla, en un lugar cerca de mi casa, mientras caminaba venía pensando en mis amigos, en lo maravillosos que son, y cómo siempre están allí para mí cuando los necesito. Cuando llegué a mi destino, me ubiqué en un asiento y escuché la charla, muy buena por cierto y una vez terminó, me acerqué a una de las señoras presentes, por ninguna razón en particular, simplemente me acerqué a disfrutar del batido de vainilla que me habían regalado. Casi inmediatamente ella y yo comenzamos a hablar, de todo un poco en verdad, y de pronto tocamos el tema de la amistad.


Yo le conté que tengo un amigo que me cambió la vida, para bien por supuesto, tal vez suena un poco exagerado, pero este señor ha tenido una influencia en mí muy grande. El y yo hemos tenido conversaciones muy largas en las que hemos hablado desde temas tan superficiales como chismes de artistas hasta cuestionar la vida misma. Mi punto es que le comentaba a esta señora que los amigos son una parte, casi se puede decir fundamental en la vida de un ser humano y, como que el destino quería que yo escribiera hoy sobre la amistad porque a lo largo del día, sólo he tenido conversaciones con varios amigos acerca del mismo tema: la amistad y su influencia en las personas.


En la tarde mi amiga Aura me hablaba de la soledad, me decía que tenía ganas de hablar, de hablar sobre la soledad, y entonces yo le pregunté cómo definía la soledad — si se han podido dar cuenta me gusta definir — y ella me respondió que era “no sentir afecto de parte de otros, por más que estés rodeado de personas puede que en verdad estés solo”, esperé unos minutos mientras analizaba su respuesta y entonces le pregunté si se sentía sola y me dijo: “No, porque te tengo a ti y tengo también a mis demás amigos”, me dijo un par de nombres que no voy a develar. Lo que me llamó la atención y por eso decidí escribir es que en verdad los amigos son para una persona la alegría de cada día.


Ahora yo contaré la historia que he venido a contar…


Hace un par de meses sufrí de una decepción muy grande, tuve un periodo de depresión intensa que me duró casi un mes, casi tomo una decisión estúpida: dejar la universidad. No comía, no dormía, no salía y no estudiaba, no hacía más nada que deprimirme y caer cada vez más —hasta casi tocar fondo — en el agujero que me encontraba. Las razones por las cuales me encontraba así la verdad no vienen al caso. Yo sabía que tenía que levantarme y sabía que podía hacerlo, pero no sabía cómo hacerlo, buscaba la manera de empezar, pero cada vez que intentaba caía nuevamente, así que decidí terminar el mes de depresión, a sabiendas que cuando expirara el último minuto de la última hora del último día del mes, ya no habría marcha atrás, ya no habría más depresión y aquella pena que me destrozaba mi actitud positiva quedaría fuera de mi vida, al igual que la persona que la provocó.


Un día entonces, hablando con una amiga me comentó que ella estaba en una comunidad en la que todo el mundo estaba y decidí inscribirme, en ese momento yo sólo quería distraerme. Durante los primeros días de mi estadía en esta popular comunidad empecé a navegar y a ver qué tenían de bueno para ofrecerme, en mi búsqueda de nada en específico me encontré con un grupo dentro de la comunidad y decidí unirme. Eventualmente me contactaron de este grupo para que asistiera una reunión, así que decidí ir.


Recuerdo muy bien que el día que fui, sólo había pasado una semana después de haber tomado la decisión de terminar aquél capítulo de mi vida y mi actitud, bueno, no era precisamente la más positiva; ya no estaba deprimida, pero tampoco estaba precisamente alegre. Estos chicos que conocí en esta reunión, me hicieron reír desde el momento en que entré al lugar donde estábamos pues, mi primera expresión cuando vi al chico que me había contactado fue una sonrisa amplia en mi rostro.


Ese día sembré una semilla de la amistad y que hoy en día aún sigo cultivando y de la cual poco a poco he visto florecer un hermoso arbolito de amistad, cuyas flores son los rostros de mis nuevos y antiguos amigos.


Manteniendo mi mente ocupada, superé mi dolor más intenso, contando con otras personas pero curándome a mi misma.


Vi que nunca estuve sola, que mis amigos estuvieron conmigo, los que me apoyaron en su debido momento y los que llegaron a mi vida cuando los necesitaba. Comprobé también que una persona te puede cambiar tu perspectiva y de hecho, me alegra haberlo vivido en carne propia. Llegué a la conclusión que todas las penas, hasta las más profundas se pueden superar, sólo tienes que tener las ganas de dar el primer paso. Y, por último me di cuenta mientras hablas con un extraño, puede que llegue a tu mente la idea de tu próximo artículo.


¿Y entonces cuál es mi punto? La verdad: ninguno. Hoy sólo quería hacer una reflexión sobre la amistad tan hermosa que conocí, que estoy viviendo intensamente y que amo a mis amigos, tanto a los viejos como a los nuevos. Además, esta historia me gusta mucho y me encanta compartirla.


miércoles, 14 de noviembre de 2007

Gurú del amor

Esta mañana hablaba con un amigo por Google Talk, me contaba acerca de una nueva chica con la que está comenzando a salir, después de haber terminado con su novia hace apenas algunas semanas. Me comentaba lo bien que se sentía con esta muchacha y cómo lo ha ayudado ese sentimiento hacia esta nueva persona superar el dolor causado por su ex.

Entre todas las cosas que me dijo, cuando ya casi finalizábamos la conversación me escribió algunas líneas que llamaron mi atención: “Oye, tu debes ser un gurú… gurú del amor”, este comentario causó muchísima gracia en mí así que le pregunté entre risas porqué me decía esto y entonces me volvió a responder: “Sabes mucho la verdad, y tus palabras calman” y entonces me vino la interrogante a la mente: ¿Hasta qué nivel una persona puede influir en otra hasta llegar al punto de calmar el dolor más profundo? ¿Por qué no podemos aprender a calmar nuestros dolores nosotros mismos?

Le he dado vueltas y vueltas a esta pregunta, tratando de buscarle una lógica a una situación así y para intentar explicarme bien contaré la historia de mi amigo.

Supongamos que mi amigo se llama Francisco, su ex novia se llama Claudia y la nueva chica se llama Liza. Francisco y Claudia llevaban muchos años juntos, casi nueve para ser exactos; se conocieron en la escuela secundiara. Tenían una relación normal como la de cualquier pareja escogida en forma aleatoria entre miles de parejas: con sus días buenos y los no tan buenos.

En el último año de universidad de Francisco, Claudia decide terminar con él, por que ha conocido a otro chico, quien según ella, le da lo que mi amigo no: atención. Lo cita un día para hablar y termina su relación con reclamos, en fin, todo un escándalo. Francisco entonces, decide acudir a mí en auxilio, porque se siente como si le hubieran arrancado el corazón y hubieran atacado su cuerpo vacío con algún arma nuclear, después de haber sido torturado por algún sádico —lo sé, es un poco exagerada mi comparación, pero lo pongo así porque era lo que su cara reflejaba cuando me vino a ver a mi casa— y piensa que desahogándose con alguien podrá liberar el dolor que siente. Yo recibo a Francisco en mi casa y hablamos durante buen rato, yo intentaba lo más que podía darle palabras de aliento —siempre basándome en mis creencias metafísicas—, intentaba pensar como Claudia para poder hallarle una explicación lógica a la manera en la que había actuado. No podía explicarme como dejas de una manera tan cruel a una persona con la has compartido tanto tiempo de tu vida, ¿es que acaso no significó nada para ti que ya no te importa tratarla mal? Bueno, eso no es lo importante, lo que quiero compartir con quienes me leen son algunas de esas cosas que según mi amigo Francisco “yo sé”.

El amor es un sentimiento que a veces pareciera no tener lógica y muchas veces ni siquiera una razón de ser, a veces amamos a personas que nos tratan mal, a personas que “debemos” querer, como nuestros padres y familiares y también a veces, amamos a quienes realmente se lo merecen, por sus actos, por sus palabras, por su apoyo o simplemente por su presencia en nuestra vida. La cuestión es que por más que el amor pareciera no tener lógica, la verdad es que si podemos encontrársela.

Cuando conocemos a una persona y compartimos muchas cosas de nuestra vida con ella, deberíamos ser lo suficientemente precavidos como para preguntarnos, ¿Qué nos aporta esta persona de nuevo en nuestras vidas? ¿De qué manera nos hace crecer? Y lo más importante: ¿Vale la pena amarla? Antes de dejar que un sentimiento crezca, sobre todo un sentimiento tan fuerte y a la vez tan frágil como el amor, hemos de cuestionarnos lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo. Por ejemplo: supongamos que tenemos una pareja nueva, la amamos porque llevamos mucho tiempo junto a ella, porque le contamos nuestras cosas y ella nos cuenta las suyas, porque es muy detallista y siempre nos sorprende con algo nuevo, pero ¿Es esta persona a quien deberíamos amar realmente? Puede que sí, puede que no. ¿Y cómo nos damos cuenta si lo es? Simple, es cuestión de sincerarnos con nosotros mismos y preguntarnos: ¿Qué nos ha enseñado esa persona a quien decimos amar? Durante el tiempo que he estado con ella, ¿Cómo ha mejorado mi calidad de ser humano? Y estas cosas se notan, de hecho son muy simples de notar, ahora que estoy compartiendo mi vida con una persona románticamente hablando, me puedo dar cuenta si soy más maduro, si controlo más mis emociones, si he aprendido a dialogar en vez de gritarle al otro, si esta persona vale tanto la pena como para no pensar en más nadie —y con esto último no quiero idealizar el amor de pareja—, serle fiel todo el tiempo que esté con ella y además si la otra persona presenta cambios positivos estando a nuestro lado, que se ven reflejados en su actitud como individuo.

Todos podemos encontrarle una lógica al amor para reducir las posibilidades de derrochar nuestro tiempo con una persona que realmente no nos conviene, y no es porque yo lo diga o porque nuestros padres nos digan “ese tipo no te conviene”, es porque el amor es algo que nos hace crecer, no es algo que se siente porque sí, es algo que cuando llegamos a sentirlo verdaderamente podemos decir: he crecido, soy mejor.

De cada bajón en el amor que tengamos, de cada persona con quien nos encontramos —ya sea que nos convenga o no— debemos sacar el mayor conocimiento posible, ya sea para no cometer los mismos errores o simplemente para estar preparados si en algún momento volvemos a cometerlos, poder calmar nuestro dolor más profundo.

Como respuesta para mi amigo, que sé leerá esto quiero decirle que no, que yo no debo ser el gurú del amor de nadie, cada quien debe aprender a serlo y encontrar la lógica del amor.

En cuanto a Liza, la nueva chica de mi amigo, sinceramente espero que les vaya muy bien y puedan construir algo hermoso juntos aprendiendo cada día más el uno del otro, incluso de las cosas más pequeñas.

martes, 13 de noviembre de 2007

¿Cómo se siente ser feo?

El título talvez suena bastante superficial si sólo le damos una ojeada rápida y no nos damos la oportunidad de continuar leyendo, pero muy lejos de ser una pregunta para hacer sentir mal a las personas que no nacieron con atributos físicos agradables a la vista, es más bien una explicación de cómo se siente una persona que se mira al espejo y no le gusta lo que ve.


Mezclando mi afición por la escritura, el afán por investigar más sobre temas que todos se preguntan pero nunca nadie podrá encontrar una respuesta clara y la idea que siempre he tenido de escribir un libro de autoayuda, decidí escribir este pequeño, llámese artículo, gracias a que esta mañana en el carro con Ángela, mi madre, vimos pasar a una señora por la calle y yo le dije a ella: "¡Qué mujer más fea! ¿Qué se sentirá ser tan feo y andar por la vida mostrando un rostro o un cuerpo que contamina el campo visual de otros?" y claro, mi madre no pudo parar de reír durante varios minutos por mi comentario, pero una vez llegué a mi casa, me pregunté qué se siente ser feo y me respondí a mi misma: "Yenifer, pero si ya sabes la respuesta, en algún momento en tu vida te has sentido fea. En algún momento no te has sentido bien contigo misma y te has dicho, mirándote al espejo: soy fea" Así que consulté con mi buen amigo Google “¿Cómo se siente ser feo?”


Me encontré con muchas respuestas de muchas personas que daban sus opiniones sobre la fealdad en foros de opinión, pero como ninguna llenó mis expectativas decidí hacer mi propia reflexión sobre la fealdad.


Primero que todo, definamos fealdad. ¿Qué significa realmente ser feo? ¿Qué es la fealdad en sí? Según Wikipedia, popular enciclopedia en línea, muy conocida en Internet la fealdad es: “el alejamiento del canon de belleza, que es el conjunto de aquellas características que una sociedad considera convencionalmente como bonito, atractivo o deseable, sea en una persona u objeto”¸ y ahora que ya hemos “definido la fealdad”, damos lugar a algunas preguntas más: ¿Quiénes son esa “sociedad” que establece los parámetros de belleza? ¿Acaso son ellos tan bellos que pueden decidir quién es feo y quién no? ¿Cuál es ese estándar de belleza que exigen para evitar ser feo?


Sólo basta con mirar por la ventana de tu oficina para darte cuenta que la mayoría de las personas no cumplen con el común denominador de belleza que esta sociedad exige, suponiendo que estas especificaciones de belleza son basadas en las imágenes que se ven a diario en los modelos que aparecen en revistas, de ser esto cierto, para que una persona sea realmente “bella”, deberá ser esbelta, alta, de facciones finas y bien definidas, con una estructura ósea pequeña, entre otras características que presentan esos “prototipos” de gente “bella”.


Le mencioné el tema a dos buenos amigos, les pregunté cómo definirían la fealdad, y uno de ellos simplemente respondió: “ser feo es no ser el prototipo de persona guapa”, y mi otro amigo, siendo un poco más técnico me dijo: “es algo bastante difícil de aceptar, no solo por la persona, sino por la sociedad por los distintos estereotipos de bellezas encontrados actualmente”, y con esto una vez más, llegamos entonces al mismo punto ¿Cuáles son esos estándares? ¿Cuándo sabemos que una persona es agradable a la vista de todos como para ser considerada bella? Sinceramente, es como intentar responder quién fue el primero, si el huevo o la gallina: todo depende desde la perspectiva que se mire.


Tomemos el siguiente ejemplo: para mí, un hombre guapo es alto, delgado, de cabello negro, blanco, de nariz grande, labios carnosos y con anteojos, pero eso es sólo lo que para mí es el ideal de belleza masculino, igual me sucede con una mujer, para mí, una mujer bella, es una mujer mixta, de tez morena clara, cabello lacio, ojos oscuros y cabello claro y con muchas curvas, básicamente una mujer como yo, pero quién soy yo para decirle fea a una mujer totalmente distinta a mi o a mi estándar de belleza y esto no significa que yo sea una persona que oculta sus problemas de autoestima bajo el manto de la auto adulación, como me dirían algunos psicólogos —y que conste que tengo una amiga que estudia psicología—, en este momento de mi vida soy una persona que puede decir que, tras muchos conflictos de autoestima, la perspectiva que ahora tengo de mi belleza está muy clara y mi amor propio se encuentra en perfecto estado. Por otro lado para otra mujer un hombre guapo puede ser de tez morena, bajo de estatura y con músculos muy marcados, y ¿quién le puede convencer de lo contrario?


¿Cómo se siente entonces una persona fea? Pues obvio: mal. Sólo tiene dos posibilidades, vivir con su fealdad o rogarle al cielo por que alguno de esos populares programas donde transforman el aspecto de las personas, algún día los descubran y hagan su vida más feliz al convertirlos en gente guapa, esta última posibilidad muy poco probable, por cierto.


Vivimos en una sociedad que se contradice cada vez más a sí misma, por un lado te enseñan que “no debes juzgar un libro por su cubierta”, “las apariencias no importan, lo que vale es el buen corazón de las personas”, pero por otro lado te bombardean con publicidad dónde sólo vez gente bella. Cuando eres niña ¿con qué jugamos?: con barbies, con muñequitas que se alejan muchísimo del estándar de una mujer normal, incluso de una mujer real pues, es bien sabido que las proporciones de una barbie no podrían ser jamás las de una mujer que pudiera levantarse de una cama para caminar.


Ahora para finalizar, soy yo quien dará sus definiciones: la fealdad es un estado mental, es cuestión de confianza. La fealdad se ve reflejada sólo en la persona que se sienta fea. La belleza física, lejos de poder ser definida por estándares, que a mi parecer son absurdos, es la ilusión que ven los ojos que la miran.

¡Bienvenida!

Como primera entrada, me veo casi puedo decir obligada a publicar una pequeña bienvenida y hablar un poco sobre mí y sobre qué tratará mi blog.

Soy una joven Ingeniera en Sistemas panameña de 20 años que acaba de terminar la universidad y estoy comenzando mi vida profesional, en la cual se me irá maravillosamente.

Desde que tengo talvez unos 6 años que aprendí a escribir y a leer, recuerdo que literalmente me robaba la páginas blancas que mi madre guardaba en la casa y buscaba con qué escribir las pequeñas historias que me venían a la mente, con esto quiero decir que desde muy chica me ha gustado plasmar mis sentimientos y opiniones en letras.

A parte de esa pequeña historia de mis inicios en la escritura, también siempre he sido extremadamente curiosa, siempre me pregunto el porqué de las cosas y a como de lugar he de encontrarle alguna razón lógica a todo, porque para mí todo tiene un patrón.

Así que este blog lo dedicaré a expresar mis opiniones sobre diversos temas, espero que quienes me lean lo disfruten
o incluso me envíen sugerencias, así mismo espero sepan apreciar los pensamientos de esta escritora aficionada.